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«El muay thai nos lo ha dado todo, aunque por desgracia no vivimos de ello»

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Actualizado:12/04/2019 08:48h

En España, país donde se venera a los futbolistas hasta el hartazgo y el llamado deporte rey copa los grandes titulares en los diarios, es conveniente arrojar algo de luz sobre otros deportes que nadan a contracorriente, superando adversidades en forma de atención y dinero, para tratar de construirse un hueco en el panorama competitivo. Los deportes de contacto, también llamados de combate, llevan tiempo reclamando un sitio, a tenor del crecimiento progresivo en número de practicantes, de aficionados y de gimnasios. En concreto, las artes marciales mixtas (MMA), el kick boxing y el muay thai han experimentado una evolución positiva en los últimos tiempos en nuestro territorio.

Alejados de los coches de alta gama y los seis ceros en sus cuentas bancarias, propios de las estrellas que dan patadas a un balón, encontramos, reunidos en el gimnasio «XFitness Abrantes Dojo» de Madrid, a cuatro de los mejores luchadores profesionales del país, que trabajan para vivir con el muay thai, en lugar de trabajar en el muay thai para vivir. Son auténticos gladiadores que pelean por crear un legado deportivo que no se corresponde a la repercusión mediática, ni mucho menos económica, que perciben. Juan Martos, Jonathan Fabián, Sergio Cabezas y Álvaro Araujo se suben al cuadrilátero con un mismo objetivo: disfrutar del deporte que, coinciden en apuntar, les ha dado «todo». Lo cierto es que tantos años cosechando éxitos han permitido que sean profetas en su tierra, pese a que la influencia de los deportes de combate sea todavía limitada. «Si el Barça tiene a Messi y el Real Madrid tenía a Cristiano Ronaldo, nosotros tenemos a Juan Martos en Barcelona y a Jonathan Fabián en Madrid», apunta Antonio Ricobaldi, director de Relaciones Institucionales de WKA/FIMT, organismos que rigen en estas disciplinas.

Cuando la campana suena para dar comienzo a una pelea, son muchos los sentimientos que emergen en estos atletas. En solo unos minutos tendrán que canalizar días, meses, incluso años de entrenamiento. Por eso, una de las claves reside en la constancia, en establecer una rutina disciplinada, en el incesante sacrificio. «Yo me levanto a las 6:30 de la mañana y me voy al trabajo. Termino a las 16:30, saco a los críos un rato al parque, doy las clases de kick boxing y hago mis entrenamientos», explica Juan Martos, campeón del cinturón planetario en la disciplina de K1 de la World Kickboxing and Karate Association (WKA), a ABC. «Mi día es día es darlo todo siempre en los entrenamientos y, por desgracia, no me puedo ganar la vida solo con el muay thai y lo compagino con otros trabajos», explica Jonathan Fabián, que también ostenta la cinta mundial de WKA, en este caso de muay thai, tras conquistarla en Invencibles VIII. Los hay que también complementan el arte tailandés con impartir clases, como Álvaro Araujo, campeón del cinturón europeo de muay thai e incluso los que además de exprimirse en el gimnasio y trabajar, sacan un hueco para sus estudios, como le ocurre a Sergio Cabezas, que igualmente se abrochó el cinturón mundial de WKA.

Cuando uno está en la élite de un deporte que no aporta grandes beneficios, no puede permitirse el lujo de dejar pasar oportunidades. «En mi caso siempre estoy entrenando, intento mantenerme con un buen nivel para posibles llamadas o peleas de contratiempo», comenta Fabián. «Mi método de entrenamiento es siempre el mismo, entreno seis días», prosigue Martos. «Cuando estás sin pelear, hay que mantener la línea por si surge algo», añade Cabezas. Estar siempre en estado de alerta y preparados para la batalla es algo indipensable para estos deportistas. Nunca se sabe cuando un cinturón mundial puede llamar a tu puerta.

El deporte como vehículo de integración social

Tanto el muay thai, el kick boxing como otros deportes de contacto funcionan, en muchas ocasiones, como un vehículo de integración social. Pese a que es un deporte cuyo practicante es totalmente heterogéneo, y se puede encontrar desde a un alto directivo hasta a un humilde trabajador del sector servicios, tradicionalmente en los estratos sociales bajo ha penetrado como elemento salvador. «Como persona, me ha ayudado muchísimo a apartarme de la mala vida, a llevar un vida recta y quitarme de malas compañías. Entrenar y sacrificarme por las cosas hasta conseguir mi éxito», cuenta con orgullo Martos. «Aporta mucha disciplina y respeto», se suma Araujo. «El muay thai nos lo ha aportado todo, ha sido y es mi vida desde hace muchos años, ya 19 años entrenando, te da unos valores y te educa», completa Fabián.

Siguiendo la máxima de que luchador es el que lucha, estos atletas solo tienen en mente su próximo paseo hacia el cuadrilátero. «Solo pienso en pelear y pelear, hacer las máximas veladas posibles. En mi caso, poder defender el título, poder trabajar con WKA todos los cinturones que tengo. Coger lo que vaya saliendo, quiero seguir peleando que es lo que me gusta hacer», expresa Fabián. «Tengo una cita el 27 de abril en el K1 Gold Legends, luego este verano me voy a Tailandia un mes a seguir preparándome y quiero defender el cinturón europeo WKA y, por último, en noviembre, espero pelear en Invencibles», calcula Araujo.

Cuatro campeones unidos por una promotora

Estos cuatro campeones, diversos en sus estilos de pelea, coinciden en apuntar a una promotora como germen de sus éxitos. «Ochoa Pro» les ha ayudado a impulsar sus carreras a través de WKA y FIMT. «Mis éxitos ( cinturón mundial incluido) son en WKA y nunca me marcharé», asegura Martos. Todos concuerdan al explicar que gracias al presidente, Luis Ochoa, ha logrado unas oportunidades que de otro modo habrían estado más lejos, siempre acorde a la calidad que han demostrado encima del ring. «Es una excelente persona, estoy muy agradecido por el último título que me preparó y espero que siga montando esos eventos y contando con nosotros que esto suba más todavía», opina Cabezas.

Pese a tener cierta competencia por ser el luchador más puntero en su disciplina, el muay thai y el kick boxing han propiciado que estos atletas creen fuertes lazos de amistad. Perseguir un sueño es un motivo común suficiente para afianzar una relación de compañerismo. «Entre los peleadores siempre hay buen rollo, nos llevamos bien. A la hora de pelear es el único momento en el que nos enfrentamos, por lo demás somos compañeros, nos dedicamos a lo mismo y tenemos las mismas metas», especifica Fabián. «Tener este tipo de compañero te une más, une a este deporte y une a los gimnasios», asegura Araujo. «Tenemos la rivalidad en el ring, que es cuando no somos amigos, pero cuando estamos fuera, estamos para lo que haga falta», zanja Cabezas. Los cuatro luchadores dan por finalizada la charla. Es el momento de regresar al trabajo. Y de seguir soñando. España está en buenas manos. Y en buenas piernas.

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